EDITORIAL

Posted on 22 octubre, 2010. Filed under: ROBERTO ARLT | Etiquetas: , , , |

En este año del Bicentenario, dedicaremos este número a Roberto Arlt y Julio Cortázar

ROBERTO ARLT

De padres inmigrantes, Roberto Arlt nació el 2 de abril de 1900, junto con el siglo XX, y como este, fue testigo de todas las infamias que sucedieron en la Argentina de aquellos años. Se crió en las calles de Floresl y de muy joven trabajó como pintor de brocha, ayudante en una librería y peón en una fábrica de ladrillos.  Este narrador, dramaturgo y periodista no fue sino “la voz de los postergados”, como lo llamaron sus contemporáneos. Publicó libros trascendentales para la literatura argentina y latinoamericana como “El juguete rabioso”, “Los siete locos” y “Los lanzallamas”. Pero entre sus obras “Aguafuertes porteñas”, de 1933, una serie de relatos en prosa donde desnuda su ser y su pensamiento con un lenguaje simple e irónico, para contar historias que van desde el humor hasta la tristeza, desde la reflexión hasta la verdad, pero siempre guiando su tinta sobre un realismo cotidiano, sobre un día a día que asegura que el lector se sienta identificado con los tantos temas que expresan estas narraciones, como las “Causas y sinrazón de los celos” o el “Soliloquio del solterón”.

Arlt nunca dejó de lado los problemas frecuentes del hombre de su tiempo y contribuyó, como escritor, a la transformación de un contexto que se desmoronaba en forma desmedida. Su aislamiento de las pacaterías fue el resultado de experiencias personales y lo alejó de entidades colectivas como la familia o la pareja, así como también de los grupos de Boedo y Florida (donde tenía varias amistades).

Pero nada se le puede reprochar a un escritor como Arlt, que desde muy chico comenzó con su pasión de autodidacta y que incansablemente luchó por una sociedad igualitaria y justa.

Roberto Arlt nos toma de la mano y nos hace regresar al café con leche, pan y manteca, a las palabras pelandrún, fiacún, nos viste con traje y corbata, nos trae la bolsa del pan con los miñoncitos, la siesta, la novia y el zaguán, sitios de la humana porteñidad, que son mucho más que lo cotidiano, es ese idioma popular que nos identifica hasta los tuétanos.

Es en este año del Bicentenario, nos parece que Roberto Arlt es uno de los escritores que más merecen un reconocimiento.

Porque leer las Aguafuertes es correrse un poquito del presente, no demasiado, ya que hay algo atemporal que se actualiza y tiene que ver con esa necesidad de pertenencia que une a los solos, desvalidos, humildes, luchadores, lúmpenes, porque los conocía, los vivía, los habitaba. Cómo no compartirlo con todos nuestros contemporáneos. Porque Roberto “no tenia pelos en la lengua”, diría mi abuela, y eso lo hacia necesario una vez más.

Si los porteños siguen siendo machistas, si el fiacún sigue siendo fiacún y al pan con manteca y café con leche no hay con qué darle, aunque los American Coffes pueblen las calles de Buenos Aires, el espíritu arltiano nos regresa a esto que somos… antes, ahora y siempre.

Por suerte.

Los editores

 

 

 

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